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Sección Deporte y Salud by Antonio Casimiro-Actividad física en la infancia-

La actividad física debe estar presente en la vida del ser humano prácticamente desde su nacimiento. Así, tras estimular los diferentes reflejos en el bebé, sería adecuado plantear actividades acuáticas durante los primeros años de vida. Del mismo modo, la educación psicomotriz y las habilidades motrices básicas deben ser desarrolladas durante la educación infantil.

          

• Posteriormente, los niños que participan en actividades físico-deportivas reflejan el interés de sus padres para que realicen dichas actividades, fundamentalmente si éstos han practicado de forma placentera. Si son practicantes activos, sirven de modelo para sus hijos. En efecto, la familia es el primero y más potente agente socializador en las primeras edades, transmisor de valores, comportamientos y normas. De este modo, según la teoría de la imitación, los niños no hacen lo que los adultos les dicen que hagan, sino más bien lo que les ven hacer.


• Es fundamental que padres y educadores estén perfectamente informados sobre posibilidades y riesgos del entrenamiento en la infancia, sin descuidar nunca la formación escolar. Muchos de ellos piensan en el futuro mientras el joven vive el presente.
• Entre las actividades físicas recomendables a estas edades destacamos los juegos colectivos y cooperativos con un carácter eminentemente educativo-lúdico-recreativo. Su frecuencia debe ser diaria, con una duración mayor de 30 minutos al día.

• Teniendo presente que en esta fase de la vida prima el aprendizaje de habilidades y destrezas, hay que empezar paulatina¬mente con el desarrollo de las cualidades físicas, siendo las más convenientes: resistencia aeróbica, amplitud de movimiento, fuerza, capacidades coordinativas, tiempo de reacción y velocidad gestual.


• Del mismo modo, las cualidades “prohibidas” en la niñez son la resistencia anaeróbica láctica, velocidad-resistencia, fuerza con sobrecargas externas (tipo pesas, no otro tipo de sobrecargas más livianas como bandas elásticas, balones medicinales u otros elementos de entrenamiento funcional), entrenamiento pliométrico (saltos desde altura, que pueden producir patologías como Osgood Schlater), esfuerzos que supongan apnea o respiración jadeante muy dificultosa, etc.
El desarrollo -no metódico ni sistemático- de la condición física en el ámbito educativo, está justificado, además de por los beneficios concretos en la salud del individuo, porque le capacita para una buena ejecución de las tareas deportivas y las destrezas motrices.


Las capacidades que hay que trabajar con niños son:
• 1.- Capacidades “psicomotrices” (coordinación, percepción y equilibrio) Suponen la base de cualquier movimiento humano y determinan el grado de asimilación de técnicas y destrezas motrices. Resulta imprescindible su desarrollo en las primeras edades, ya que los niños en edad escolar aprenden a la primera. Éstas tienen su desarrollo más intensivo desde los 8 años hasta el inicio de la pubertad; si se desaprovecha esta edad, empeoran las condiciones biológicas para su desarrollo (maduración del Sistema Nervioso Central), debido a los cambios de las proporciones corporales, que tienen lugar durante la pubertad.
De este modo, la gran mayoría de los jóvenes torpes no nacen así, sino que dicha torpeza es consecuencia de la falta de actividades físicas dinámicas y naturales en su infancia, por la hormigonización del entorno y la robotización de sus juegos, lo que conlleva una motricidad muy reducida y artificial. Hay que favorecer, por tanto, la estimulación motriz en el plano cuantitativo (repeticiones) y cualitativo (variedad), para realizar las habilidades con fluidez y precisión, al mismo tiempo que se favorecerá la transferencia en el aprendizaje de gestos más complejos.


2.- Velocidad
En un sentido neuromuscular (velocidad gestual y tiempo de reacción), como rapidez de la transmisión del impulso nervioso, debe ser desarrollada entre los 6 y 12 años, ya que los factores coordinativos y nerviosos de los que depende maduran antes de la pubertad.
Tanto el desarrollo de la velocidad como el de las capacidades coordinativas han de realizarse con el sistema nervioso relajado, es decir con amplios descansos, para favorecer el aprendizaje motor y la rapidez de la contracción muscular.


• 3.- Resistencia
Los niños responden mejor a estímulos de tipo aeróbico (larga duración y bien dosificados) que a estímulos de resisten¬cia específica anaeróbica y velocidad-resistencia. El nivel de desarrollo de resistencia aeróbica alcanzado en la infancia es esencial para el entrenamiento futuro de las otras capacidades, por ser uno de los factores más importantes en la prevención de enfermedades cardiovasculares y metabólicas del joven.
Se deben utilizar métodos variados (patines, bicicleta, natación, carrera, baile, orientación y juegos, ente otros) que, además de servir como elemento motivador, evitan los microtraumatismos propios de la carrera unidireccional, que provocan lesiones osteoarticulares en un aparato locomotor en desarrollo.


El trabajo cíclico continuo se debe comenzar de forma graduada, muy paulatina y no sistemática, sin cambios de ritmo, a partir de los 8 años, a una intensidad del 50-70% de la frecuencia cardiaca máxima, progresando por el volumen y no por la intensidad.
4.- Fuerza.
Los músculos se van ejercitando de forma natural al elevarse la carga a movilizar, debido al incremento del peso corporal. Así, los niños poseen más fuerza en el miembro inferior que en el superior, debido a su motilidad habitual (saltos y carreras).
La masa muscular de un niño de 8 años repre¬senta aproximadamente el 27% del peso del cuerpo, mientras que en un adolescente de 15 años es del 33%, por lo que los jóvenes tienen más posibilidades que los niños de desarrollar actividades que requieran esfuerzo muscular.


Aún no se puede aumentar prácticamente el diámetro de las fibras musculares, debido al bajo nivel de producción de hormonas anabolizantes (somatotropas y testosterona), pero pueden mejorar su fuerza muscular gracias a la coordinación neuromuscular, por la influencia del Sistema Nervioso en la contractibilidad del músculo.
Hasta la pubertad, teóricamente, no deben existir diferencias de fuerza entre ambos sexos, siendo en la adolescencia donde se produce un incremento de la misma en los chicos.
Lo ideal es introducir, desde los 8-10 años, un trabajo mixto de coordinación y fuerza dinámica, de forma lúdica (lanzar, saltar, trepar, etc.), para crear una base óptima que permita el comienzo de un trabajo más sistemático a partir de la pubertad.


• 5.- Flexibilidad.
En edad escolar se mantienen unos niveles altos de dicha cualidad, debido a la laxitud ligamentosa, al poco desarrollo muscular y a la falta de solidificación del esqueleto. A pesar de ello, la falta de trabajo específico de dicha cualidad favorece el acortamiento de los principales grupos musculares, algunos de ellos de gran trascendencia para la salud postural, siendo el ejemplo más evidente la cortedad isquiosural con repercusiones vertebrales.
Por ello, es importante mantener estos niveles de amplitud articular en los jóvenes, pero no se debe trabajar de forma desequilibrada ni con sobrecargas (rebotes, tensiones o tracciones excesivas).
Los ejercicios más adecuados son los estiramientos activos libres y ejercicios de amplitud de movimiento, fundamentalmente a través de la técnica de lanzamientos.

Salud y Deporte By Antonio Casimiro

 

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