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Sección Deporte y Salud-Hipertensión y ejercicio físico-

La hipertensión es un término que se refiere al hecho de que la sangre viaja por las arterias a una presión mayor que la deseable para la salud. En algunos casos puede haber mareos, sangrado por la nariz o dolor de cabeza, pero la mayoría de los afectados no tiene síntomas y esto no significa que no sea peligrosa. Siempre con control y prescripción médica, el tratamiento precoz y preventivo es lo más adecuado para evitar sus gravísimas consecuencias (lesiones cerebrales, cardíacas, renales, etc), al igual que un globo que explota por mucha presión. 

Dicho tratamiento, indicado por el cardiólogo, consiste en controlar la dieta (menor contenido calórico, restringir la sal y las grasas …), no fumar, reducir peso y, por supuesto, realizar un programa diario de ejercicios aeróbicos y de resistencia muscular (por cada kg de peso corporal disminuido, la presión sistólica del hipertenso baja aproximadamente 1,5 mm/Hg y la diastólica 1,3 mm/Hg). Pero, además, los últimos estudios apuntan a que un ejercicio aeróbico varias veces en semana durante 60 minutos, más de 6 meses, aunque no produzca cambios en el peso corporal sí produce un descenso de la TA en reposo y durante el ejercicio, pudiendo mantenerse este efecto antihipertensivo durante 3 años (Ketelhut et al. 2004).

Además del componente genético (Hernelahti et al. 2004), hemos de tener presente que el ejercicio físico es una herramienta importante, siendo más adecuadas las actividades físicas dinámicas, continuas, que impliquen grandes grupos musculares y de baja intensidad (40-60% de FC max) pudiéndose practicar durante largos periodos de tiempo (30-60’), durante 4-6 días semanales, sin que produzcan un estrés psíquico elevado (entre 10 y 12 en la escala RPE). Es importante evitar durante el ejercicio la maniobra de Valsalva (mantener la respiración tras una inspiración, con la glotis cerrada para que no escape el aire).

Hay que tener en cuenta el tratamiento farmacológico que está llevando el sujeto para poder entrenarle correctamente. Por ejemplo, los diuréticos liberan al cuerpo del exceso de sal y líquidos, por lo que hay que tener cuidado con la deshidratación y las arritmias por el descenso del potasio (K). Los betabloqueantes reducen la FC y el VS (volumen sistólico), siendo, por ello, preferible alargar la vuelta a la calma y tener el control de la intensidad por el RPE.

Las actividades aeróbicas más adecuadas son andar o pasear en bicicleta, respirando de forma adecuada y aconsejándose, si es posible, que dichas actividades sean practicadas al aire libre y en contacto con la naturaleza, para reducir, de este modo, el estrés psíquico de las ciudades. Hay que tener cuidado con la natación en agua fría, ya que incrementa la carga cardiaca y el riesgo de arritmias graves (Fernández Vaquero, 2002).

Para obtener éxito, la actividad aeróbica utilizada se debe realizar frecuentemente (3‑6 días/semana) y de forma continua durante meses. El ejercicio podría inducir este efecto hipotensor bien de una forma directa, a través de mecanismos hemodinámicas (disminución de resistencias periféricas e incremento de la dilatación de los vasos), o indirectamente, a través de la promoción de modificaciones nutritivas, metabólicas o comportamentales.

También se han encontrado beneficios en personas hipertensas, que ya hayan comenzado un programa aeróbico y que desarrollan programas de resistencia muscular. Resulta adecuado, por ejemplo, circuitos de fuerza de 20-30 repeticiones con resistencias livianas (20-30% de 1 RM), cuando se comienza el programa, pudiendo incrementar posteriormente la intensidad hasta un 40-50% en series de 8-10 repeticiones e, incluso, con trabajo isométrico hasta un 30% de la máxima contracción voluntaria. En cuanto a la respiración, es importante espirar al vencer la resistencia e inspirar al volver a la posición inicial.

 Sin embargo, el entrenamiento intenso de pesas con altas cargas (especialmente si se realizan agarres muy intensos) o en el ejercicio isométrico máximo hay un incremento brusco en la presión tanto diastólica como sistólica, ya que el aumento de la demanda metabólica de los músculos en contracción crea la necesidad de que el flujo sanguíneo aumente, pero los músculos, fuertemente contraídos, evitan que la sangre circule, produciendo anoxia y aumento de la presión sanguínea (Steiner y Colb 2003).

No se deben realizar ejercicios exclusivamente con los brazos, ni con éstos por encima del cuerpo, ya que producen altas presiones sistólicas. La menor masa muscular y menor vascularización de los brazos ofrece mayor resistencia al flujo sanguíneo, e incrementa la demanda del corazón drásticamente. En ejercicios gimnásticos hemos de tener presente que la inversión del cuerpo (típicos “fondos” de brazos) y los cambios bruscos de posición causan una elevación significativa en la presión.

En el ámbito deportivo se deben evitar deportes vigorosos, intensos y breves (tipo squash), ya que producen altos niveles de catecolaminas aumentando los niveles de tensión arterial.Tampoco es adecuado practicar ejercicio si la presión sistólica es superior a 170mm de Hg o la diastólica por encima de 100mm de Hg., ni los que provoquen importantes cambios de presión por la profundidad o altitud (submarinismo, escalada, etc.).

En caso de personas hipotensas (“tensión baja”), se deben reducir los movimientos que impliquen cambios bruscos desde una posición tumbada a una posición erguida, o viceversa. Sin embargo, se deben mantener actividades de resistencia a una intensidad moderada, con descansos cortos a intervalos, con una adecuada hidratación y evitando horas de mucho calor.

Deporte y Salud by Antonio J. Casimiro

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