Durante las vacaciones es de esperar que aumenten los encuentros sociales, casi siempre acompañados de comidas abundantes y alcohol. También ocurre con frecuencia que los horarios y tipos de comidas cambien en función de los viajes o diferentes rutinas de veraneo que cada uno elija o le toque, razón por la que se tiende también a hacer menos ejercicio.

Pasar de esto a la normalidad del trabajo, la familia, las actividades, etc. puede resultar bastante traumático para muchos, y si además le sumamos los remordimientos tras los excesos del verano que nos llevan a dietas aburridas y restrictivas, el conjunto puede resultar en un desastre emocional.

Por esto es muy importante que la vuelta a la rutina vaya acompañada de una alimentación no enfocada a adelgazar o a depurar, sino a recuperar la concentración y el tono perdidos

Cojamos un poco de perspectiva: solemos decir que algo está “oxidado” cuando lleva tiempo sin usarse. Como sucede por ejemplo con la cadena de una bici que ha pasado demasiado tiempo en el garaje y tenemos que engrasar antes de volver a montar en ella. Nuestro organismo es también una máquina en muchos sentidos, la mejor diseñada que existe, por lo que igualmente necesitará antioxidantes y ácidos grasos esenciales para poder arrancar e invocar de nuevo la concentración perdida, sacando así al cuerpo del letargo veraniego.

Veamos cuáles son los principales pilares que, junto con estos, nos sostendrán en septiembre:

1. Hacer 5 comidas pequeñas al día para evitar bajones de azúcar en sangre que disparen las ganas de dulce. Especialmente teniendo en cuenta que aquellos que hayan sucumbido a menudo a los tentadores helados ya estarán sufriendo el síndrome de abstinencia. Si a esto le sumamos una dieta muy restrictiva, el deseo por comer podría hacerse mucho mayor, pues el cambio es muy brusco y supone un gran estrés para el organismo.

2. Aumentar los alimentos ricos en ácidos grasos esenciales involucrados en la memoria, como las nueces, las almendras, el pescado azul o el aceite de oliva. Otro gran mito en alimentación es pensar que los frutos secos engordan y hay que retirarlos de la dieta, cuando lo cierto es que aportan una gran cantidad de nutrientes esenciales para la salud en general y en particular para la memoria y el estado de ánimo. Los frutos secos son ricos en los ácidos grasos omega 3 (sobretodo las nueces) involucrados en la memoria y buen funcionamiento del cerebro y triptófano (sobretodo los anacardos), precursor de la serotonina, popularmente conocida como “la hormona de la felicidad”. Además, hay estudios que han demostrados que seguir una dieta mediterránea suplementada con aceite de oliva o frutos secos no hace aumentar de peso sino todo lo contrario. Siempre que se trate de frutos secos crudos, nunca fritos.


3. Aumentar el consumo de alimentos ricos en componentes de acción antioxidante, como:

La vitamina C contenida en pimientos rojos, coles de Bruselas, brócoli, kiwi o fresas.

La vitamina E contenida en almendras, semillas de girasol, yema de huevo, aceite de oliva o espinacas.

Los carotenoides presentes en zanahoria, espinacas, berros, pimientos rojos, judías verdes, tomates o sandías.

Los polifenoles en frutos rojos, granadas, berenjenas con piel, té verde o manzanas.


4. Aumentar el consumo de alimentos ricos en fibra, como judías, lentejas, garbanzos, chufa, alcachofas, guisantes o zanahorias, así como elegir cereales integrales para evitar el estreñimiento que a veces ocasiona el cambio de horarios, de rutina y alimentos. Hay que tener en cuenta que, si no están bien diseñadas, las dietas restrictivas y detox pueden agravar este padecimiento.

Beber mucha agua también ayudará, y no podemos olvidar que un tránsito intestinal irregular puede entorpecer una buena concentración. Al intestino se le llama el “segundo cerebro”, y en sentido metafórico podríamos decir que “intestino lento, cerebro lento” .

5. Nuestro estado de ánimo influye muy directamente en la calidad de nuestros hábitos de alimentación, y viceversa, y todos sabemos que y septiembre suele conllevar un bajón doble por la vuelta al trabajo y la disminución de horas de sol. Recordemos que, por ejemplo, los habitantes de los países con menos horas de luz al año registran mayores tasas de depresión.

Por suerte para los países mediterráneos, septiembre casi siempre es un mes de relativo buen tiempo, por lo que podremos tomar un poco de sol cada día para ayudar a nuestro organismo a sintetizar melanina y vitamina D,  involucrada también en el estado de animo como escribí en otro artículo también para el blog de Biosabor.

6. Por último, volver a la rutina de ejercicio físico también ayudará a poner la maquinaria en marcha más rápidamente y a mejorar el estado de ánimo, gracias a las endorfinas que se liberan durante este. Ahora bien, debemos hacerlo poco a poco. Como decíamos antes, estamos oxidados y empezar demasiado fuerte puede dar lugar a lesiones o fatiga excesiva que nos desmotive.

En definitiva, pautas sencillas y saludables que no solo serán efectivas durante septiembre, sino que pueden resultar útiles en cualquier época del año que se presente más complicada, o simplemente cuando necesitemos un pequeño empujón. 

* Escrito por Ana Molina para Biosabor.

*Imágenes seleccionadas por L&S